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  • Luis A Ramírez

TESTIMONIO: Un momento trascendental

Existen muchas situaciones que motivan vivir experiencias nuevas, son momentos que jamás volverán, y qué bendición ser partícipe de la construcción de esos recuerdos, tal y como nos relata Rose Gómez en este hermoso TESTIMONIO:

 

"Inicialmente, quería documentar de alguna forma trascendental mis 40 años. Una forma de celebrarme. Sin embargo, para ese cumpleaños, estábamos en media pandemia, y muchas cosas eran inciertas. No sentí que fuera buena idea tomar las fotos sin saber muy bien qué iba a pasar en el mundo por un tiempo. Además, quería perder unos kilitos y hacerme un tatuaje que llevo años queriendo hacerme, y no sé, de alguna manera, quería estar más linda, más lista, más algo… lo que fuera que yo no era en ese momento. Y esa fue mi excusa para aplazar la sesión fotográfica.

Pues bien, me vi llena de cosas por resolver, por ser y tener, antes de tomarme esas fotos que quería fueran perfectas. Siempre salía algo que me distraía de ese objetivo. Hasta que un día me dijeron que tenía un problema de salud que requeriría una cirugía mayor. Por un momento, quise también, ignorar eso que necesitaba hacer, pero que de cualquier manera era ineludible. Entonces fue cuando todo cambió. Ahora lo que necesitaba para las fotos era simplemente estar viva… Me di cuenta que ni el tatuaje, ni los kilos, ni la plata -en realidad nada- era una buena razón para seguir posponiéndome en todo sentido.

Sin pensarlo mucho, en aquel momento le dije al Oso que estaba lista para la sesión. O al menos eso creía yo. Reconozco que me fue fácil reservar el espacio como una cita más, un trámite más. “¡Listo!”, pensé. Pero qué va. Esa necedad por la perfección me siguió torturando. A como fue acercándose la fecha, mis complejos y miedos fueron apoderándose de mí despiadadamente. No había ropa, ni maquillaje que valiera que me quedara lo suficientemente bien. Miles de veces me vi tentada a cancelar las fotos, incluso el día antes.

Pensaba que no quedaría lo suficientemente bien, lo suficientemente perfecta, lo suficientemente bella. Me paralizaba el miedo al qué dirán, al lente igualmente cruel delineando todas mis imperfecciones. “¿Y si no salen bien?, ¿para qué estoy haciendo esto?, ¿a quién estoy engañando?” me preguntaba. Quizá el único aliciente que tenía era una cirugía que parecía venía a mí a toda velocidad sin importar mi físico, ni mi ropa, ni nada.

Es interesante ver cómo todo cambia con perspectiva. Me di cuenta de que, en realidad, no sabía cómo saldría de la operación. Empecé a darme cuenta que la vida es corta y sobre todo que nunca sabremos hasta cuándo estaremos en este viaje. Muy poco importaba, ciertamente, ninguno de esos miedos que le tenía a las fotos (a mí misma). Lo que yo quería era documentar de forma totalmente auténtica, que estaba VIVA, que había logrado sobrevivir tantas cosas quizá registradas por las cicatrices, las arrugas, y sobre todo por mis precoces y rebeldes canas.

Reconozco que llegué al estudio nerviosa y con dudas de cómo sería que el Oso haría las maravillas que se ven en sus fotos pero conmigo: siendo yo un desastre total de mujer. Después de todo ni siquiera tenía claro qué quería lograr con las fotos. Llegué a convencerme a mí misma que serían fotos para mí que no compartiría con nadie.

Cuando el Oso me preguntó el porqué de la sesión, me encontré dando una respuesta de casi 2 horas en donde básicamente le conté la historia de mi vida, la cual él compasivamente escuchó. De alguna forma me sentí aliviada y comprendida, en tal confianza de mostrarme tal como era. En varias ocasiones se me hizo un nudo en la garganta, y quise llorar porque me di cuenta de que realmente tenía miedo de cambiar tanto que me olvidaría de quién era, miedo de perderme tanto que no me reconociera un día en la vejez, en el dolor, en la soledad. Quería algo que me hiciera recordar todo lo que he recorrido, lo que he logrado, lo que he superado, todo eso que me hace ser quien soy ahora porque nunca sabremos qué nos depara el futuro.

“¿Esto es algo así como un sello en el pasaporte del alma?” me preguntó el Oso. Y entonces supe este era el momento y la persona perfectos para tomarme las fotos."


Un abrazo de Oso


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